iconos - filosofía

El icono es una tabla de madera pintada que representa, a base de líneas y colores, una escena o personaje de las Sagradas Escrituras. Pero esto es simplemente el envoltorio. Es un sobre cerrado que tenemos que abrir poco a poco para ir descubriendo su "mensaje divino", sin que la luz que contiene nos ciegue.
 
El icono no es la técnica ni la representación. Su verdadera esencia es la presencia de lo representado.
 
Soporte
 
Hace siglos, cuando maestros y monjes constantinopolitanos, griegos, búlgaros, serbios, eslavos, cretenses, pintaban iconos, lo hacían sobre madera; actualmente los pintores de iconos que se precien como tales, lo siguen haciendo sobre el mismo soporte: un sencillo trozo de maderal que nace de la tierra y crece hacia los cielos como antena receptora de Energía.
 
Imprimación y Dorado
 

La madera se prepara con yeso blanco. El blanco, símbolo de la divinidad, tiene que cubrir de pureza el soporte del icono. A continuación los panes de oro que, después de bruñidos, brillarán sin coloración material, con radiación propia como reflejo puro de la luz divina. Así el oro se encuentra en cualquier parte donde se expresa la participación de la vida de Dios, sobre todo en las aureolas. Las vestiduras de Cristo a menudo se convierten en filigranas de oro, símbolo de su divinidad.
Platón, San Agustín y, sobre todo, el Pseudo Dionisio Aeropagita, coinciden en que "el Ser Absoluto se refleja en el mundo material por la luz".
El fondo de oro es importante para comprender mejor las estructuras ópticas del icono. La imagen se irradia hacia el espectador que no puede más que abrirse a esta luz.

 
Dibujo
 
El dibujo da forma a las figuras que los cánones, fijados tras la iconoclastia, marcan la tradición. Por ello, podemos observar en iconos de muy diferentes épocas y escuelas, la poca variedad en su composición, estructura y forma.
Voy a citar algunas de las muchas diferencias que hay entre un icono y una pintura sacra occidental. La FIGURA en Occidente es realista, dramática, con modelo vivo, del natural. La Virgen a menudo es algún familiar del pintor vestida con telas y velos. En el icono, la figura es el soporte de colores y luces con diferentes significados. Nunca hay modelo del natural, existe un canon que va pasando de maestro en maestro a través de los siglos. La PERSPECTIVA, que Occidente utiliza es la perspectiva cónica (punto o puntos de fuga dentro del cuadro en la línea de horizonte). Esto da sensación de profundidad. El icono utiliza la perspectiva invertida: punto o puntos de fuga fuera del cuadro. Esto provoca que la imagen salga en busca del espectador. La LUZ que se utiliza en Occidente es una luz solar natural que ilumina unas partes, deja en penumbra otras y provoca sombras. La luz cenital, la luz que viene de arriba abajo. La luz focal, muy utilizada por los pintores tenebristas, ilumina las figuras desde un lado, como un foco que provoca fuertes contrastes dejando el resto del cuadro muy oscuro. En el icono es la luz interior (Luz Tabórica, de la Transfiguración). Se trata de una luz que tiene que ver poco con la realidad. La irradia la propia imagen desde su interior. Esta forma de iluminación nace como consecuencia de la filosofía hesicasta que, traducida a la plástica del icono, y según palabras de Teófanes el Griego, "debe traspasar las carnaciones y los tejidos con su fuego purificador".
 
Color
 

De igual manera, la paleta del iconógrafo no está compuesta por su juicio estético. El pintor tendrá que sacrificar parte de su creatividad e idea estética en virtud del mensaje, que para ser comprendido necesita de un lenguaje invariable. La dificultad de tal composición se encuentra justamente en el carácter simbólico. Cada color es "autosemántico", es decir, transmite su mensaje propio. El azul simboliza la "morada de Dios", el misterio de la vida divina. El verde es el color de la naturaleza, simboliza la juventud y la vitalidad. El rojo, símbolo del sacrificio, siempre relacionado con la sangre y Pasión de Cristo. El amarillo, los ocres, sienas, marrones y el negro, todos ellos con significados concretos que nos facilitan la lectura del mensaje divino en el icono.

La imagen recibe así un carácter abstracto que traspasa la realidad. A la vez, se vuelve como un conjunto de signos emitidos por ella. El icono se vuelve testimonio y el espectador se debe abrir a este mensaje.

La imagen está terminada, queda en silencio. Su boca cerrada, los labios suavemente unidos, lo ojos fijos en nosotros. Y ese silencio nos está diciendo más cosas que cualquier pintura sacra occidental con las bocas desgarradas y los ojos rojos de dolor. "El icono nos manifiesta la Verdad Eterna".

 

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